Ella finge dormir. Se concentra en su respiración, ha de ser pausada, rítmica. Trata de mantener relajado todo su cuerpo; cualquier movimiento involuntario la delataría. Escucha cómo su depredador se remueve y olisquea en busca de su rastro. Siente cómo se levanta, lentamente, aún adormilado. Después quietud, silencio. Y entonces, el fin: nota su mirada en la nuca. Está perdida.
Relatos en Cadena - Semana 21
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