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El esfuerzo que no quiere emigrar

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“La mayoría de discursos sobre el mundo rural se debaten entre el desprecio y la fascinación.  Y ambos son tremendamente peligrosos” H. G. Barnés. El Confidencial Hace poco que estoy en este otro lado de la historia. Nací, estudié y trabajé en Madrid y ahora vivo aquí, en el Maestrazgo turolense. No porque no haya tenido más remedio ni porque me haya tocado: es porque quiero. Seguramente, si estáis leyendo estas líneas, sabréis que esa elección tiene mucho que ver con unos rizos de ojos claros, pero lo cierto es que ahora vivo por estas tierras porque así lo he elegido.    No sé quiénes escriben los libros de historia. Ni sé si en Teruel y en Madrid nos enseñan la misma historia. Lo cierto es que yo, durante todos mis años en el colegio e instituto, estudié el llamado “éxodo rural” como un proceso inevitable y, sobre todo, de una lógica aplastante. ¿Cómo no se iba a ir la gente de los pueblos? ¿Cómo iban a resistirse a todas las oportunidades que ofrecían las ciudad...

Las cosas que me gustan

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  La Acacia es un nombre bonito para una revista. Me encantan las palabras que terminan en “a”, que suenan a mujer. Desde que vengo a Las Cuevas y Castellote, sobre todo ahora que lo hago mucho más a menudo, he ido descubriendo palabras bonitas, que resuenan en mi cabeza varias veces tras escucharlas: acacia, acequia, sargantana, solana, paniza, masada, Girea, Pedrera... Después pregunto sobre su significado, si se trata de un nombre propio o más bien de una de esas joyas del “habla” de estas tierras. Os confesaría que, hasta hace unos meses, estaba convencida de que una acequia era un árbol, y me lo imaginaba frondoso y muy alto. Pero no os lo voy a confesar. No querría que empezarais a leer esto riéndoos de una madrileña urbanita...  Escribo desde la Trastienda , sentada en el escalón que sube al “rinconcico” gastronómico, entrando a la derecha. Además de las palabras que resuenan femenino, esta es otra cosa que me gusta mucho: sentarme en el suelo. Siempre que tengo la po...