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Juventud, divino tesoro

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No, Manolo. Los jóvenes de hoy en día no son unos vagos maleantes que no quieren trabajar. Y no, María Jesús, tus hijos adolescentes no están enganchados al móvil, al menos no más de lo que lo estás tú. Sí, José Antonio, hablan algo raro, pero no te escandalices, que no eres su bro y no tendrás que interactuar mucho con ellos; lo más probable, de hecho, es que les des algo de cringe . Y sí, Aurora, las letras de la música que escuchan son escandalosas, no como las míticas de tu época, que eran todo filosofía… Qué capacidad tiene el ser humano de olvidar el pasado. O, mejor dicho, qué capacidad tenemos para predicar que nosotros, de jóvenes, éramos mucho mejor de lo que lo son ahora. Y esto es un patrón que se repite de generación a generación, una tradición tan instaurada como las doce uvas el 31 de diciembre o soplar las velas en tu cumpleaños. Cuando empezamos a peinar canas hay una fuerza interior que nos empuja a soltar LA FRASE, acompañada, claro, con un pequeño...

Gracias, Robe

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  Si me preguntaran por un dogma, sin duda diría que en la vida hay que abrir los brazos, la  mente y repartirse. Repartir amores, lágrimas y sonrisas. Y amar, amar mucho, que eso  ensancha el alma. Vivimos a contrarreloj y en diferido, sin ser, ni oír, ni dar. Nuestro día a día se parece  peligrosamente a un camino empedrado de horas, minutos y segundos, como autómatas, sin  surfear conscientemente ninguno de esos tic tac del reloj. Qué utopía, ¿no? Si siempre hay que  estar que si la lavadora que si la cena. Aun teniéndolo todo, ese “todo” llamado (y cantado)  salud, dinero y amor, no estamos conformes. Como un pez, viviendo bajo el agua y  muriéndose de sed. Tal vez el problema es que lo tenemos todo sin tenernos a nosotros  mismos o, al menos, sin respetarnos, pasando por encima de lo que de verdad somos, de lo  que de verdad queremos. De pequeños nos imponen las costumbres, nos educan para ser  mujeres y hombres adinerados. Alg...

Donde dije digo

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Me compré muchos libros sobre maternidad y educación cuando estaba embarazada. Aún no me he leído ninguno. Supongo que tenerlos en la estantería y ver sus títulos imponentes me da seguridad: Familias Inteligentes, Palabra de madre, Educar en el asombro, Mamá desobediente… Nosotros siempre hemos querido hacerlo bien. Bien no, perfecto. Y de las palabras de la matrona, de la pediatra, y de tantos y tantos reels de Instagram, extrajimos un sinfín de pautas y conocimientos sobre cómo criar (y cómo no hacerlo). Existen los Diez Mandamientos de la maternidad millennial. Estos son los que te guían durante el primer lustro de vida, más o menos: alabarás la lactancia materna; la teta será a demanda por los siglos de los siglos; respetarás las “ventanas del sueño” sobre todas las cosas; NO les darás azúcar; NO les expondrás a ningún tipo de pantalla; NO amenazarás con premios o castigos para conseguir un fin; harás que razonen y comprendan cada una de tus peticiones (nunca órdenes) y...

Cosas de niños

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Hace un mes se suicidó Sandra, una niña de 14 años de Sevilla que sufría acoso escolar por parte de unas compañeras que antes habían sido amigas. Leo la noticia y toda la repercusión que ha tenido después y, con tanta vergüenza como necesidad, confieso que, si pienso en mi yo adolescente, estoy más cerca de ser esas amigas que de ser Sandra. Porque a mí nunca me han dado de lado. Claro que he tenido discusiones, he llorado por amistades que dejan de serlo, desamores que se antojan tragedias y otros problemas de esa época de turbulencia y formación de la personalidad. Pero en todo ese proceso nunca he estado sola, siempre he tenido amigas y amigos que me acompañaban.  Sin embargo, sí he sido de los que decidían quién entraba al “grupo”, de las que dirigían el voto para ver a quién echábamos de la tienda de campaña en campamentos, pues no cabíamos todas, pero, por supuesto, yo sí. He participado, o al menos observado sin intervenir, en alguna broma que pronto dejaba de te...

Héroes del sábado

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Que me perdonen médicos/as y enfermeras/os por lo que voy a decir. No quiero con esto quitarle el mérito —incuestionable, por otro lado— a la labor que realizan, pero creo firmemente que existe un grupo de trabajadores que se juegan a diario el tipo y la salud mental, que ponen en riesgo su integridad física y la de los demás. Son muy numerosos, están terminando la temporada y, para mí, son los grandes héroes de esta, nuestra Españita de sol, fiesta y playa: las camareras y los camareros. Recuerdo una escena de la película La Vida es Bella , cuando Guido Orefice, interpretado por Roberto Benigni, está aprendiendo el oficio de camarero en un restaurante de lujo. Su tío y también mentor le dice: “Tú estás sirviendo, pero no eres un siervo.” Y es que es curioso cómo, cuando somos servidos, nos creemos con unos derechos que no tenemos y nos dirigimos a esas personas que nos sirven con una mala educación que, normalmente, no dejamos aflorar con tanto descaro. Desde llamarles con un “chst,...

El pregón

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Cuando me pidieron que escribiera el pregón de las fiestas de Las Cuevas de Cañart acababa de colgarle el teléfono a mi abuela, con la que habíamos hablado del tiempo, el huerto y su bisnieta. Acepté, con gusto y responsabilidad, la petición, y me puse a pensar. ¿De qué se habla en un pregón? ¿Qué espera la comisión que escriba? ¿Qué quiere la gente escuchar ese primer día de fiestas, mientras la charanga espera, paciente, en un rincón de la plaza? Entonces, lo supe. Mi abuela me había dado la idea. Desde que tengo uso de razón, siempre se ha despedido con el siguiente imperativo, como si de un mantra se tratara: «Sed felices, disfrutad de la vida y no le deis mucha importancia a nada». Con sus 95 años, seis hijos, once nietos y seis bisnietas, cuando nos dicta esa frase hay algo en sus ojos que parece gritar: «Hacedme caso, que sé de lo que hablo». Las fiestas del pueblo son ese oasis de felicidad donde todo parece detenerse. Los días están guiados por los actos preparados por el Ayun...

"E'to, ¿qué es?"

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  Estoy redescubriendo el mundo con mi hija. Más bien, lo estoy descubriendo. Y es que, por desgracia, no somos capaces de recordar esa primera infancia, la del asombro constante. Al igual que yo, ella, dentro de unos años, no se acordará de su primer chichón, de esa mariquita  corriendo por su mano o de la sensación de probar una fruta nueva. Sería maravilloso, ¿verdad? Imaginaos poder probar, ahora, de adultos, por primera vez la sandía, descubrir su sabor dulce, fresquito. Agarraos a esa mesa baja del comedor, poneos en  pie, con equilibrio, y echad a andar por primera vez, en dirección a los brazos de papá. La más  pura adrenalina. Visualizaos sobre ese charco, tras una tormenta de verano, saltando sin parar.  Qué felicidad. Llegar a tiempo, tras una serie de intentos fallidos, y ver la cara de expectación  de mamá, convertida en vítores y aplausos al escuchar, por fin, que estás haciendo pis en el  orinal. Orgullo. Coged una moneda, tal vez 25 pes...

Mamá

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No sé ir de compras sin mi madre. No sé hacer casi nada sin ella, en realidad, pero me aguanto. No voy a llenar este escrito de flores, como manda mayo, y a decir que todas las madres son tal o cual cosa maravillosa; hace tiempo que entendí que ni la familia es sagrada, y que te puede tocar una de pesadilla. Pero sí voy a hablar de mi madre. El primer acto de amor que hizo por mí fue pasarse un mes inmóvil en una cama de hospital: embarazo de alto riesgo. Luego vino lo de parirme. Qué brutalidad, parir. Nueve meses habitando su cuerpo y unas horas finales de coordinación absoluta para llegar al mundo. Luego parió a mi persona favorita en este mundo, mi hermana, y fue su segundo gran acto de amor hacia mí. Mi madre es eso: actos de amor. Uno tras otro, durante toda mi vida. Es el beso y el abrazo que necesito; el grito que me hace parar en el momento exacto. Son las palabras que no quiero oír pero que debo escuchar; el silencio, a veces cómplice a veces inquisidor, de quien mejor ...

Las amigas

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  Ayer por la tarde, en el parque, viví el reencuentro de mi hija con su amiga Noah. Llevaban dos semanas sin verse y, tras mirarse y reconocerse durante lo que nos ha parecido un largo minuto, se han abrazado riéndose y nombrándose. “Aldara”, decía Noah mientras la señalaba. “Noah”, respondía Aldara, haciendo lo propio. Mirándolas, entre risas, he sido inmensamente feliz. Ellas no lo saben aún —apenas tienen dos años—, pero las amigas serán el amor de su vida. No lo saben aún, pero con ellas tendrá sus primeras peleas por el columpio o el cubo de arena; después aprenderán a compartir y harán de ello un dogma para toda la vida. No lo saben aún, pero juntas pasarán por muchas asignaturas, profesores que les tendrán manía, exámenes más o menos fáciles, extraescolares y recreos. En verano, y quizás en alguna otra época del año, convivirán de campamento y, casi sin darse cuenta, se harán un poquito más independientes, con la inmensidad que eso conlleva. No lo saben aún, pero vivirán ...

Delirios de mierda

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  De hoy no pasa que limpie el baño. Como vengan visitas cualquier día de estos y vean cómo tengo el baño... Hay que limpiarlo. Las marcas de pasta de dientes en el lavabo, las pelusas mojadas y remojadas en el suelo de la ducha. ¿Es necesario limpiar la ducha? Si ya le cae agua todos los días, ¿no? Qué guarrada acabo de decir, ¡claro que hay que limpiar la ducha! ¿Venderían, si no, trescientos productos exclusivos para tal cometido en el supermercado si no hubiera que hacerlo? Bueno, el capitalismo, el consumismo… ¿Acaso no hay ahora mismo en el mercado productos para cubrir un montón de necesidades que ni siquiera eras consciente de que tenías? Tengo que limpiar el baño. Pero los pelos de los sumideros no los voy a quitar yo, no puedo. Se me pone el estómago del revés. Es lo único en lo que me planto. El resto del baño lo limpiaré yo. ¿Esperamos a alguna visita los próximos días? Creo que no… Mis suegros, como mucho. Mis cuñados y mi sobrino, si no tienen planes, tal vez se pasen...